Darragh Phelan, es un niño irlandés de 10 años que redactó una pequeña historia para la escuela basándose en un día de mar a bordo de una barca de Begur Boats; para los niños la experiencia de navegar es única y así se demuestra con esta magnífica historia llena de emociones e imaginación!
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Un dia en barca

PorDarragh Phelan
INTRODUCCIÓN
Lo más importante de esta historia es que “no es oro todo lo que reluce”. Esta frase nunca fue tan cierta como en el verano de 2007, cuando mi familia estaba visitando nuestra amiga catalana Sílvia, en la Costa Brava el paraje más bonito de Cataluña.
Era el verano más caluroso del siglo; las temperaturas pasaban los 40 grados. La única forma de soportar el calor era zambullirse en el agua y justamente eso es a lo que íbamos ese día en el que nuestras vidas iban a cambiar para siempre.
CAPÍTULO 1 - DE PESCA
Era un día tan caluroso que ansiábamos bañarnos allí dónde el agua estuviese más fría. Habíamos planeado navegar hasta la cueva del “hombre muerto” con la barca motora de Sílvia; ella es nuestra amiga catalana y habla mil idiomas, ¡incluso los más inverosímiles! Tenemos muchas cosas en común y le gusta mucho la historia, especialmente la historia local.
Mi padre y yo traíamos el picnic y unas cañas para pescar; la barca ya tiene previsto unas bases para dejarlas mientras nosotros navegábamos hacia la cueva “del hombre muerto”. Una vez allí queríamos comer un poco. Lo mejor de la cueva “del hombre muerto” es que no se podía llegar con la barca hasta la orilla, únicamente se podía llegar a tierra nadando. Por suerte, nosotros somos excelentes nadadores y ¡estábamos ansiosos para tirarnos al agua fresca!
Salimos de la bahía a toda máquina, con los motores rugiendo. Mientras no dirigíamos mar adentro Sílvia aceleró todavía más. ¡La sensación de velocidad en una barca es única! A medida que nos acercábamos a la roca empezamos a reducir máquinas. Tiramos el ancla; ese parecía el lugar ideal para pescar. Estábamos a un km de la cueva “del hombre muerto”; desde allí se divisaba.
Echamos las cañas con la esperanza de tener un poco de suerte. Sílvia nos dijo que los peces estaban más en profundidad puesto que en la superficie la temperatura era demasiado alta, así que no tenía mucha esperanza de éxito. El sol caía fuerte y me estaba quemando; tenía las piernas dentro del agua para calmar el calor. De repente, sentí un tirón en mi caña. Tuve que llamar a Sílvia para que viniera del otro lado de la barca a ayudarme. El hilo de pescar se había atascado y tuvimos que tirar fuerte los dos a la vez hasta que se soltó y nos caímos de espaldas. Nos pusimos de pie y en el anzuelo solo había una bola de algas verdes. Cuando Sílvia se disponía a tirarla de nuevo al mar me pareció ver algo que brillaba. - ¡Alto!- Apartamos las algas que escondían una botella cerrada con un tapón de cera.
CAPÍTULO 2 - EL MAPA DEL TESORO
Nos quedamos mirando la botella, asombrados y boquiabiertos. Ashling, papá y mamá se acercaron a ver qué sucedía. Cogí la botella para sacarle el tapón de cera. ¡Estaba bien incrustado! Al final conseguí abrirla. Dentro había algo, giré la botella al revés; tenía en mis manos algo parecido a un pedazo de ropa vieja. Lo desplegué pero no entendía nada de lo que había escrito.
Sílvia cogió el pedazo de ropa y empezó a traducir el texto; -es catalán antiguo-, nos explicó. Hacía siglos que nadie lo usaba. Teníamos un mapa de la cueva “del hombre muerto” del 1.520, ¡o sea que tenía más de 500 años de antigüedad!
Estábamos muy emocionados; Sílvia nos contó que era el mapa del oro que un barco transportaba de España a Italia. El barco naufragó y nunca más se supo nada. A lo largo de los tiempos muchos habían sido los que habían perdido la vida rastreando aquella zona para encontrar el tesoro; por eso aquella cueva se llamaba “del hombre muerto”.
¡Nos quedamos sin palabras!
Costó un poco descifrar todo el mapa. Parecía que indicaba un camino que cruzaba el bosque hasta una pequeña colina secreta al otro lado de la bahía. La decisión fue unánime; ¡íbamos a buscar el tesoro!
CAPÍTULO 3 - LA CUEVA “DEL HOMBRE MUERTO”
Puse el mapa dentro de un pote estanco y lo guardé en mi mochila. Nadamos hasta la orilla. Una vez en tierra saqué el mapa. Sílvia tradujo la primera pista; teníamos que buscar una roca con la forma de la cabeza de un águila. Todos buscábamos con la mirada en todas direcciones. De repente, Ashling gritó -¡la he encontrado!-. Era justo en la entrada de una zona boscosa y frondosa. Teníamos que dejar la playa y adentrarnos hacia territorio desconocido. ¡Estábamos nerviosos y excitados!
CAPÍTULO 4 - LA AVENTURA
Nos abrimos camino entre el frondoso bosque hacia dónde apuntaba la cabeza del águila y empezamos a buscar la siguiente pista; una colina con la forma de una calavera. Tuvimos que escalar un poco una roca para alcanzar a ver lo que había a nuestro alrededor por encima de las ramas y los árboles. Desde allí se definía perfectamente la colina que andábamos buscando; tenía la forma de una calavera con la boca bien abierta, que era en realidad, la entrada de la cueva. Tardamos al menos una hora para llegar hasta allí. La entrada era oscura. Sílvia buscó por los alrededores y encontró un palo que servía de antorcha. En la mochila, dentro del pote estanco, yo traía cerillas. Encendimos la antorcha y nos adentramos en la cueva siguiendo a Sílvia, que apartó las gruesas telarañas de la entrada. Avanzábamos lentamente, con cautela siguiendo las instrucciones de Sílvia que iba descifrando el mapa. La cueva olía a podrido por las raíces de las plantas de la jungla y se oía el goteo de agua y de bichos moviéndose.
Mientras Sílvia avanzaba, ¡me di cuenta que tenía tarántulas en su espalda! Pegué un grito y ella, cómo si nada y haciendo alarde de unos nervios de acero, giró la cabeza para sacudirlas, dejándolas caer al suelo. ¡Salté de tal manera que casi llego al techo de la cueva! Entonces fue cuando Sílvia se dio cuenta de un fino rayo de luz. Se trataba de otra pista. Mientras seguíamos andando hacia el origen de esa luz buscábamos en la pared el dibujo de una puesta de sol. Sílvia se paró excitada, ¡la había encontrado! Apretó el sol y la pared se abrió delante de nuestro asombro dejando paso a una pequeña habitación bien iluminada que escondía el tesoro.
CAPÍTULO 5 - EL TESORO
¡No nos lo podíamos creer! Allí, al fondo de esa sala, resplandeciendo con los rayos de sol estaba el tesoro; un cofre lleno de monedas brillantes. Mi intención era abalanzarme hacia al cofre pero Sílvia me detuvo justo a tiempo; una flecha fina salió disparada de la pared, y se clavó de lleno en la antorcha que ella sostenía. ¡Qué sistema de seguridad más atroz y efectivo! Ella estudió rápidamente las señales de las paredes. Todo era demasiado sencillo. Empujó algunos dibujos que estaban detrás de nosotros mientras iba descifrando el mapa y de repente apareció un caminito que cruzaba la sala directo al tesoro. Por poco no pierdo el equilibrio. Me quedé detrás de Sílvia que nos advirtió de no pisar fuera del caminito porque la tierra era, en realidad, arenas movedizas. Avanzábamos lentamente hasta que lo tuvimos en nuestras manos, ¡el tesoro!
CAPÍTULO 6 - EL ORO
Y entonces, cuando por fin lo habíamos conseguido, nos dimos cuenta que no nos lo podíamos llevar hasta la barca así que decidimos que tan solo cogeríamos una cuantas monedas.
Sílvia nos hizo entender que el oro debía estar en un museo dónde miles de personas lo pudieran disfrutar; ese tesoro pertenecía a los catalanes y era preciso devolvérselo. Pensé que tenía toda la razón; me convencí de ello cuando nos contó que recibiríamos una gran recompensa por haberlo encontrado. Nos llenamos los bolsillos tanto como pudimos nos cupo y regresamos a la barca. No podíamos creernos la aventura que acabábamos de vivir. Una vez en la barca, Sílvia llamó por móvil a la policía, que vino a esperarnos al pantalán.
CAPÍTULO 7 - LA RECOMPENSA
Durante varias semanas nos hicieron reportajes y nos entrevistaron por nuestra hazaña. Sorprendentemente, las monedas de oro, en realidad no tenían ningún valor pero nosotros éramos ricos ya que recibimos una recompensa de ¡dos millones de euros! A raíz de esa aventura nuestras vidas ya nunca más volvieron a ser cómo antes.
Para mi, la aventura que habíamos vivido era más valiosa en si misma que cualquier recompensa; ese fue, sin duda, ¡el mejor día de mi vida!
- Fin -